Sucumbí a la publicidad y finalmente cayó este libro en mis manos; admito que soy el consumidor perfecto para las empresas de marketing y los suplementos culturales y guías de ocio. Te lo venden tan bien que no puedo resistir a leer la “mejor novela del escritor de la década”. En fin. Pero por primera vez me gustaría escribir sobre algo que me haya decepcionado.
Si uno decide comprarse un libro extenso y dedicarle bastantes semanas a leérselo, tiene que estar seguro al 100% de que merecerá la pena. Siempre puedes dejártelo, pero a veces ocurre que sigues avanzando poco a poco porque bueno, no está tan mal, a ver si se pone mejor; cuando te das cuenta, casi te lo has terminado sin pena ni gloria y piensas que ese no se lo vas a prestar a tu madre.
No he entendido muy bien cuál es la moraleja de Libertad ni por qué ha tenido tanto éxito. En general, la postmodernidad, o como sea que se llame ahora, me resulta muy cansina ya que cada vez me interesan menos los personajes histéricos que esconden su narcisismo con la etiqueta de ansiedad o depresión. Esto es justo lo que ocurre en esta novela en la que una familia burguesa, o como dicen los americanos demócrata, va dando palos de ciegos por una vida sin preocupaciones y arrastrando complejos y traumas adolescentes más por moda que por razones evidentes. El matrimonio protagonista parece niños jugando a ser padres y sus hijos meros fantasmas que vagan por colleges “haciendo amigos”, sin olvidar incluir a la típica estrella del rock con altibajos en su carrera que se las arregla en sus momentos de infortunio poniendo terrazas.
La verdad es que ahora que voy escribiendo esta reseña me doy cuenta de que es demasiado destructiva, y que si tuviera que recomendar alguna novela moderna (repito: o comoquiera que se llamen), quizá recomendaría cualquiera de las que se están publicando estos últimos años en Japón. Puede que sea el próximo post.
Tan- o incluso más- buenos son los consejos de que no hacer, como los de que hacer.
No hay cosa que más rabia me de, que dejar un libro a medias.
Y como bien dices,hay libros en los que vas pasando páginas dándole otra oportunidad, y sigues… y cuando cierras la última página dices “pues vaya”.
Para la semana que viene, os preparo uno chulísimo..